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Valparaíso: mar, cerros, mucho color y Pablo Neruda

 

Por viajanteandante

 

Debo de admitir que lo que sabía de Chile (antes de ir), además de su vino era: Neruda, el salmón y su ubicación.

Hay una cuestión en nuestra educación en México, pues desde que estamos en la primaria y secundaria, el tema de la historia de Sudamérica realmente es muy limitado.

De nuestros héroes nacionales como los afamados niños, que uno al morir se enredó con nuestra insignia nacional, o el tema territorial “robado” por nuestros vecinos anglos, y claro, nuestro momento histórico y de gloria, cuando ganamos una batalla contra los franceses.

Pero nunca supe de los conflictos políticos que nuestros hermanos de Sudamérica vivieron.

Al momento de cruzar a de Chile por una de sus fronteras (lo hice por Mendoza, Argentina) y transitar por sus imponentes nevados, créeme, si ya había disfrutado de ellos en otros países (me refiero a la Cordillera de los Andes) cuando recorrí este tramo, fue entonces que dimensioné el gran país que se me estaba metiendo entre los ojos.

Una tarde por Cerro Alegre.Valpo en su esplendor.Vista al puerto, desde La Sebastiana.

Una vez instalado en Santiago, fue que partí a Valparaíso (Valpo, como también se le conoce), que está a menos de 2 horas de camino por carretera.

Admito que supe de esta linda ciudad meses antes de realizar este viaje, y fue gracias a unas amigas que habían vivido (y vive) en Chile.

Al llegar a la rodoviaria, ilusamente decidí caminar hasta mi hostel. Bueno, ya no era novedad el descubrir las distancias reales de mis destinos. Tiempo es lo que tenía.

Transcurría mi caminata y observaba a detalle que, cada vez que me adentraba al centro, percibía este aire europeo, y una escena muy en particular fue la del trolebús, muy similar a Lisboa.

Al llegar a los pies de la Fuente Neptuno, en la plaza Aníbal Pinto, vi a un taxi estacionado y le pregunté al chico sobre la ubicación y precio por el servicio. Me parecieron muchos “lucas” (así le dicen al dinero en Chile) y ¡nah! decidí continuar mi recorrido hasta mi hostel.

Sin tomar en cuenta que éste se ubica en el Cerro Alegre.

Era la 1 de la tarde aproximadamente. El sol estaba más que presente ese día.

Arte urbano.De mis favoritos.La emblemática Guera.

Mi fiel compañera de viaje, montada sobre mi espalda, para ese momento ya estaba un tanto dañada, hablo de mi backpack. Y yo, más que agotado.

Pero existe el “pero” y como viajero, reconoces que el estar en un nuevo lugar te anima y te provoca a seguir y querer más, y ver más. Así que cuando volteé y observé esa vista desde la mitad del cerro, tuve que parar a contemplarla. El escenario era digno de una postal.

El hostel que fue mi hogar por unos días es el Acuarela, una casona como en su mayoría son los hostels de la ciudad. Llena de historia, con pisos que rechinan al pisar, con paredes en el exterior vibrantes, con ventanales altos, de esos que a la luz del sol les gusta recibir.

La chica de recepción me dio la bienvenida. Después del trámite habitual: presentar mi pasaporte, ellos sacarle copia, yo preguntar por la clave del WIFI, darme el mapa de la ciudad y el tour a la casa; pude por fin despojarme de mi compañera fiel.

Valparaíso ya me esperaba ansioso y yo ya enamorado de él para explorarlo y disfrutarlo.

Las noches en Valpo son algo frías. Las tardes son grises. Las vistas desde los cerros hacia el mar eclipsan.

Esos puntos de luz en el puerto, las casas coloridas, ese breve viento que golpea el rostro y las calles empedradas… Todo ese escenario me invitaba a quedarme por más días.

Al día siguiente recorrí sus calles. Cada rincón de Valpo tiene algo que contar.

Lo más sobresaliente son la cantidad de murales. Tan coloridos, unos más excéntricos, otros con temática de amor, de fe, de energía. Otros más urbanos… Hay un detalle que me agradó al respecto, y es que cuando un artista desea engalanar alguno de ellos, solicita un permiso al dueño y este, con respeto se lo otorga, claro está, con un periodo establecido, que pueden ser por años.

Decidí hacer un free walking tour para conocer los murales más relevantes de la ciudad. Fueron horas de apreciación, de agua, de fotos, de preguntas, de excitación visual.

Simplemente quedé enamorado de mi adorado Valpo.

Hubo puntos estratégicos a considerar y que me fascinaron:

-El pasaje Bavestrello

-Todo El Cerro Alegre

-El Edificio Armada de Chile

-Montarme en los funiculares

-El Palacio Baburizza

-La Sebastiana (más abajo daré un espacio especial a este museo)

¡Como aman a Luismi en Chile!El cementerio.Plaza Sotomayor y la Armada de Chile.

Mi día terminó con una birra Stella Artois, ¡tipo caguama! (botella que alberga alrededor de 940 mililitros de cerveza) por lo que estaba sorprendido. Y al puro estilo mexicano la comencé a degustar directamente de la botella… Error.

Desde Chile, Argentina y Brasil, las birras se beben y se comparten en vasos pequeños.

Yo tenía mucha sed.

Otra noche transcurrió y al día siguiente, con café en mano, en mi hostel, planeaba mi día.

Esa mañana mantuve una charla con una chica originaria de Estados Unidos, quien tiene un castellano muy fluido, y me regalaba sus experiencias en México. La platica se tornó a las ganas de seguir viajando, cada vez que se pudiera, o cada vez que quisiéramos.

Valparaíso se comprende por su gran puerto, que es el de mayor llegada de pasajeros del país y el segundo con mayor movimiento de contenedores.

Cada año transfiere más de 10 millones de toneladas de carga general y por sus terminales pasan sobre el 30% de todo el comercio exterior del país.

Asimismo, por temporada, atiende a cerca de 40 cruceros y 100 mil visitantes.

Por otro lado, sus cerros son pieza fundamental en su geografía y atractivo, algunos de ellos son:

-Cerro Alegre

-Cerro Esperanza

-Cerro Bellavista

-Cerro Arrayán y Mesilla

-Cerro Cordillera

-Cerro Panteón

-Cerro Artillería

-Cerro Concepción

-Cerro Cárcel

-Cerro Santo Domingo. ¡Y hay más!

 

Otra de las cosas que aún se conservan, se usan y que distingue a Valparaíso, es su sistema de funiculares (ascensores)

Pagas unos lucas para, además de apreciar lindas vistas de la ciudad, te conectan y te ahorras unas buenas escalinatas. De verdad, en Valpo caminas por que caminas.

Antes de entrar a La Sebastiana y no poder tomar fotos.El trolebús.Una de las tantas escaleras.

Y llego al punto culminante. La Sebastiana.

Pertenece a una de las 3 casas que se conocen y que son ¡preciosas! (conocí ésta y La Chascona, en Santiago), habitadas ni más ni menos que por el gran poeta Pablo Neruda.

En 1959 Neruda adquirió la casa construida por el español Sebastián Collado. Pablo deseaba tener una casa que semejara estar flotando en el aire. Y la encontró.

De acuerdo con el tour que tomé en la casa (ahora museo) me explicaron que La Sebastiana fue el lugar donde el poeta se inspiraba, donde le gustaba recibir los años nuevos, y fue ahí, donde pasó sus últimos días.

Pablo Neruda escribió el poema “La Sebastiana”, que después incluiría en el libro Plenos Poderes. En su parte inicial dice: “Yo establecí la casa. / La hice primero de aire. / Luego subí en el aire la bandera / y la dejé colgada/ del firmamento, de la estrella, de / la claridad y de la oscuridad…”

 “La Sebastiana” fue saqueada después del golpe militar de 1973 y restaurada en 1991, gracias al apoyo de Telefónica de España, aporte que también hizo posible la compra de la parte que pertenecía al matrimonio Velasco Martner.

En diciembre de este año se inauguró la casa museo, en 1994 se construyó la plaza, y en 1997, nuevamente con el aporte de Telefónica de España, se abrió el Centro Cultural.

 Esta casona con tanto arte, tan ecléctica y con una envidiable vista hacia el puerto y resto de Valparaíso, es uno de los sitios que debes de visitar si consideras viajar a Chile.

 Mis días en Chile estaban contados, no sin antes conocer Viña del Mar (a 16 minutos en auto desde Valparaíso) y mi retorno a Santiago, para regresar a Argentina.

 Yo me traje un pedazo de Valpo. Es una de esas ciudades tan bohemias, tan vibrantes, pero a la vez tan usada por el turismo y sucia. Es esta mezcla que la hace mágica, auténtica y melancólica.

 Estoy seguro de que algún día regresaré a sus brazos.

  

*El autor continúa sus viajes, y cada vez que puede, coge un avión para ir a conocer cualquier lugar que el universo le provee.
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