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Opinión Portada

El gran desierto blanco: El Salar de Uyuni

 

Por viajanteandante

 

Hay lugares que vemos en Instagram o en algún documental y que nos inspiran a conocerles. Son tan peculiares y distintivos, que por su puesto forman parte de nuestra bucket list.

Recuerdo ver imágenes de ese lugar tan blanco, donde uno podía visualizar un gran espejo, era tal, como si el suelo y el cielo se unieran delicadamente.

El sunset en el Salar de Uyuni. Pareciera estar en otro planeta.De madrugada en el Salar. La luna fue testigo.Agotado, pero contento.

Y entonces pasó. Un día crucé la frontera de entre Perú y Bolivia, y sabía perfectamente que el universo me había otorgado esa dicha de realizar ese sueño de viajero.

Iba a estar ese ese gran desierto blanco.

 

Antes de llegar al Salar, pasé unos días en La Paz. Parte de esta escala fue para conocer la zona arqueológica de Tiwanaku (un sitio tan místico y lleno de energía)

Después de estar en esta ciudad un tanto caótica, pero con su encanto, fue que partí en bus hasta llegar a Uyuni.

 

Esta ciudad se ubica al sudoeste de Bolivia y pertenece al departamento de Potosí.

En esta ocasión y como siempre recomiendo, si tu destino está a más de 6 horas de tu punto de origen, lo mejor (y si vas por libre) es coger un bus y pasar la noche en él.

De esta manera ahorras una noche de hospedaje; así que por alrededor de 9 o 10 horas, fue que arribe a mi destino.

La foto del recuerdo...Nuestro jeep, todo un guerrero.El viajanteandante...

Cuando arribé, aún era muy temprano. De la rodoviaria caminé hasta mi hostel, apreciando el arte y un sin fin de puestos vendiendo ropa y curiosidades de la región.

Tip: te sugiero hagas compras de recuerdos acá, lo sentí más auténtico, además que es más económico que en La Paz.

Así que yo le eché un vistazo a algunos puestos y realizar mis compras para el final de mi estadía.

 

Ya había leído y me habían aconsejado desde el hostel en La Paz, que la mejor opción para recorrer el salar era por medio de un tour.

Claro que es posible hacerlo por tu cuenta, sólo ten en cuenta que en el desierto no hay rutas marcadas, no hay señalizaciones y lo más, se trata de una superficie con más de 10,000 km de pura sal.

 

Mi gran esperanza era apreciar el salar tal y como lo había visto en internet. Pero la realidad fue que, primeramente, no estuve en Uyuni en temporada de lluvia y dos, había programado

mi visita al desierto por la madrugada.

En el Cementerio de Trenes.Adivinen cuál soy...una de mis fotos favoritas...

Bueno, vamos por partes:

-lo primero que te recomiendo es elegir muy bien con qué agencia realizarás el tour. Mucho ojo, hay muchas agencias informales que, sin tener seriedad, solo cobran el servicio y a la hora que te citan, nadie se hace responsable.

Lo que yo hice fue preguntar en los dos hostels (La Paz y Uyuni) y en ambos lugares la respuesta fue: ve preguntando en cada agencia y dónde te den el mejor precio y ofrezcan recibos de pago, ese será el mejor lugar.

-dicho esto, tendrás la opción de elegir tu tour:

ya sea para recorrerlo en 1 día y ver el sunrise o el sunset.

 

-los tours más buscados son para las excursiones que son de 3 a 4 días y que incluyen

las visitas a:

 

  • Isla Incahuasi
  • Cementerio de Trenes
  • Desierto Siloli y Árbol de Piedra
  • Laguna Colorada
  • Termas de Polques
  • Géisers del Sol de Mañana
  • Volcán Tunupa
  • Laguna Blanca
Caminando entre los trenesEl Salar de UyuniUna de mis fotos favoritas

Y claro está, hay otros tours que te trasladan al Desierto de Atacama (del lado chileno)

 

Para esas fechas, yo llevaba ya mi tiempo programado, pues el plan inicial era cruzar a Chile justo por Atacama, pero más adelante te diré mi desenlace…

 

Así que el primer tour que realicé fue para ver el amanecer. Estaba más que decidido.

 

Me citaron a las 3 de la madrugada en las oficinas de la agencia. Uyuni es un pueblo pequeño, por lo que mi hostel no estaba tan retirado de la agencia.

Al arribar, observé a otros chicos que eran todos amigos, y sólo yo ajeno a ellos.

 

Cuando llegaron nuestros guías, previamente nos explicaron qué nos esperaría al adentrarnos al salar. Lo primordial, haría mucho frío.

 

Eran 2 jeeps equipados para todo terreno. En el jeep que iba, mi grupo estaba conformado por ciudadanos coreanos, que ansiaban captar cada momento del amanecer con sus súper equipos fotográficos. Yo llevaba mi móvil.

 

Llego el momento de partir. Una vez divididos en los jeeps, echamos camino para el desierto. En el proceso, los jeeps se separaron, cada uno cogió una ruta distinta.

El guía nos sugirió ir en silencio. Y ni hacía falta, yo por un lado iba casi dormido. El resto creo igual. Cabe destacar que el tour del sunrise no es tan comprado como los del día, y los que usualmente lo compran son ciudadanos asiáticos.

Parte de  la Isla IncahuasiPor alrededor de las 5 de la mañana...Mientras tanto en el mar de sal...

De repente nos perdimos entre la nada. Una densa oscuridad nos embriagó. El jeep continuaba su trayecto y sólo se visualizaba polvo. Desconozco cuántos kilómetros nos adentramos en el Salar.

 

Nuestro guía paró. Descendimos del jeep, no sin antes darnos a cada uno unas botas de plástico, unos impermeables y unas sillas.

 

La temperatura en el Salar en ese momento era de -3°C, lo recuerdo perfectamente.

Te debo de confesar que no soy muy afín con las temperaturas frías, sin embargo, ya más que despierto, el siguiente paso era esperar. Esperar y apreciar cómo las estrellas y la luna nos iluminaban. Ese momento fue mágico.

 

Al estar en medio de la nada, sin luces artificiales, el silencio fue nuestro amigo por unas horas.

Regresé al jeep. Mis botas estaban dañadas por el trekking que había realizado en Perú, cuando a mi visita al Machu Picchu, por lo que el agua trasminó y mis calcetas se “ahogaron”

 

El frío era latente, pero la emoción y las ganas de ver salir el sol era un gran motivo para aguantar.

Tuve que doblar mis piernas tipo flor de loto y tratar de hacer calor entre mi cuerpo. Mi chompa no era suficiente para combatir el frío, ni mis termales completos. Parte de la aventura…

 

Salí del vehículo y caminé. La luz de la luna era basta para no perderme y apreciar donde estaba parado. De nuevo, seguía procesando que tan bendecido soy y estar andando en el Salar de Uyuni, aquel que veía en Google.

 

Llegó la hora. Nuestro guía nos llamó y nos pidió prestar atención a un punto señalado. Comenzaron las fotografías. Uno de los chicos traía una buena cámara y captó excelentes imágenes. Después nos movimos de lugar, buscábamos agua para visualizar aquel efecto de espejo al salir el sol. Nada, no era temporada de lluvia. Igual encontramos vestigios de ella.

 

Me perdí en el tiempo e inició el proceso: el sol nos empezó a dar indicios de su poder y el cielo se comenzó a pintar de un montón de tonos. Ahí estaba el señor sol, estaba despertando.

Pocas veces he tenido la bendición de contemplar el amanecer y esa vez, en ese momento, con esa gente, en aquel desierto, solo, aprecié y agradecí al universo por ello.

A la fecha no tengo palabras para externar aquel momento.

 

Entre las 6 y 7 de la mañana ya el sol estaba en su punto, iluminaba hasta el mínimo espacio.

El frío estaba olvidado, no lo recordaba. Alrededor de las 9 de la mañana fue que partimos a nuestro sitio de origen. En ese trayecto fui contemplando todo lo que la oscuridad me había prohibido.

Y fue por ello por lo que al llegar a la agencia compré el tour para ver el atardecer. Tenía que contemplar ambos momentos, me los tenía que llevar conmigo para siempre.

 

En este punto hago un paréntesis para que sepas que ese mismo día fui a la rodoviaria para comprar mi ticket y partir a Chile, que sería por Atacama. El horario seleccionado, 6 de la mañana.

 

Llegué a mi hostel, desvelado, con sed, algo exhausto. Eso sí, el frío regresó y sin más me metí entre las cobijas (que eran demasiado gruesas) para conciliar mi temperatura corporal.

Fue una pelea con el frío, estuve temblando por no sé cuánto tiempo, mi cuerpo tenía indicios de principios de una hipotermia. Al menos eso sigo creyendo.

 

Me perdí en una siesta extensa. Desperté para el siguiente tour.

Me di una ducha, comí y me preparé para nueva aventura. Llegué al mismo lugar. En esta ocasión mi guía fue Roberto, muy alegre y platicador. Este tour fue en español, pero eso sí, muy internacional.

 

Partimos al desierto de nueva cuenta, era alrededor de las 3 o 4 de la tarde. Este tour incluía, inicialmente la visita al Cementerio de Trenes, la visita al hotel de sal, 1 comida y el cierre del tour en la isla de Incahuasi (justo en el centro del Salar)

Éramos un montón de viajeros dispuestos a afrontar al sol. Sí, todo lo opuesto a mi madrugada y mi posible hipotermia.

Cada momento en el desierto fue mágico. Estar allá es como si uno estuviera en otro planeta. La textura del suelo, las formas en él.

Lo más impresionante fue apreciar la única vegetación existente, justo en la Isla:

Inmensidades de cactus.

Mi contacto con el Salar culminó cuando el sol comenzó a despedirse. Mientras tanto, yo seguía impactado por todo lo que mis ojos habían apreciado. Cada momento, cada paso, cada grano de sal que tuve en mi cuerpo. Sin dudarlo, es un lugar que debes de visitar una vez en tu vida.

La naturaleza no se equivoca, y es perfecta. El Salar de Uyuni en Bolivia, es testigo de ello.

 

Y por si estabas con la duda de lo que sucedió con mi ida a Chile, pues nada, mi cuerpo tuvo demasiadas aventuras, emociones; tanta energía gastada, que cuando desperté, ya era demasiado tarde, mi bus ya se había ido y yo seguía en mi cama.

 

Finalmente pude obtener otro ticket para viajar esa misma noche.

Cuando iba ya de salida rumbo a la frontera con Argentina, volví a atravesar el Salar.

No me dejaba ir.

 

Chile tendría que esperar…

 

NOTA: El Salar de Uyuni tiene la mayor reserva de litio del mundo: 21 millones de toneladas del llamado “oro blanco”, probablemente más del 50% de la reserva global.

La vasta región del Salar de Uyuni, que cuenta con alrededor de unos 10.500 km2 con una profundidad promedio de 10 a 12 metros, es el mayor deposito evaporítico de Sudamérica.

 

Hoy en día, la mayoría de las baterías que alimentan a los smartphones más vendidos en las tiendas son conocidas como pilas de iones de litio. Estas tienen como principal característica usar unas sales de litio como nexo de unión entre el polo positivo (ánodo) hasta el negativo (cátodo).

Además, los fabricantes de dispositivos electrónicos hacen uso de baterías de polímeros de litio, que se acoplan en productos no tan rectangulares. Las baterías de litio llegan a aguantar hasta 1.000 ciclos de carga y destacan por su ligereza.

 

 

*El autor continua sus viajes, y cada vez que puede, coge un avión para ir a conocer cualquier lugar que el universo le provee.

 

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