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Cuando el amor ya cumplió su propósito

 

Por: Asman Ortiz | Spersonal

¿Separarse es realmente un final… o puede ser un acto supremo de amor?

En una cultura como la nuestra, profundamente influenciada por el paradigma religioso latino, se nos ha enseñado que el matrimonio debe ser “para toda la vida”. Y no pienso que esté mal. Honro profundamente a quienes caminan juntos hasta el último aliento. Pero también creo que el alma tiene su propio lenguaje… y que, a veces, la verdad interior contradice las normas sociales o creencias espirituales que heredamos.

Y ahí es donde se requiere valentía. Valentía para escuchar lo que sentimos, aunque no encaje. Valentía para aceptar que hay amores que se transforman. Y que, en ciertos casos, amar también significa soltar.

En un mundo donde se mide el éxito del amor por su duración, hablar de despedidas conscientes parece una herejía… y más viniendo de alguien como yo, que se dedica a celebrar historias de amor. Sin embargo, hay un tipo de separación que no nace del ego herido ni de la indiferencia, sino de la evolución natural del ser. De dos almas que, habiéndose elegido en algún momento con autenticidad, comprenden que ya no pueden crecer en la misma dirección.

Y entonces se sueltan. No por falta de amor, sino por respeto a lo vivido, y a lo que ese amor despertó, insisto en que el amor tiene muchas caras y algunas no estoy seguro de entenderlas bien.

Desde una mirada espiritual, hay relaciones que llegan a cumplir su propósito y, como toda etapa sagrada, deben cerrarse con gratitud. No es el fin de una historia, es el inicio de una nueva etapa, tejida con la sabiduría de lo recorrido. Porque cuando una puerta se cierra, se abre el universo mismo.

Separarse, en este contexto, no es sinónimo de fracaso. Es tener el coraje de mirar al otro a los ojos y decir:

“Te dejo ir para que puedas convertirte en todo lo que estás destinado a ser… y yo también.”

Es reconocer que lo compartido fue genuino, fértil, inolvidable. Y que ahora, soltarse es un acto de dignidad, no de egoísmo. Es permitir que ambos continúen su viaje, sin aferrarse a raíces que ya no florecen.

Cuando comprendemos esto, los reproches se disuelven. Las culpas pierden sentido. Y en su lugar, queda lo esencial:
el amor que no ata, que no exige… que simplemente libera.

Porque cuando el amor fue verdadero, su energía permanece. Aunque los cuerpos se alejen, aunque los caminos se separen, esa vibración profunda sigue viviendo en el alma.

Siendo fiel a mi estilo esta semana te dejo estas preguntas para reflexionar:

  • ¿Y si amar también fuese aprender a soltar?
  • ¿Y si la fidelidad más pura fuera hacia nuestra propia evolución?
  • ¿Qué estás sosteniendo hoy que ya no florece… y qué podría nacer si te atrevieras a soltar?

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Contacto Asman Ortiz

Experto en Experiencias Románticas Personalizadas

www.spersonal.love

Instagram: @spersonal | @cenas_romanticasbc

WhatsApp: +52 664 246 8567

 

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